10 de marzo de 2006
Crisis capitalista en progreso, divergencias ante el estallido
La cuestión de cómo cerrar filas
Alarmado por los inmensos “desequilibrios globales”, el director ejecutivo del FMI, Rodrigo Rato, en una conferencia en la Universidad de California, citó como conclusión a Benjamin Franklin: “O nos mantenemos juntos o seremos colgados por separado” (El País, 4/02/06).
El llamado de atención de Rato deja las cosas claras. Los centinelas y vigilantes de la economía internacional tienen pavor a que una recesión acompañada de desestabilización de los mercados financieros detone una movilización de las masas a nivel mundial.
El director ejecutivo del FMI definió a los desequilibrios globales como el déficit exterior en los Estados Unidos y el superávit en China y los países asiáticos. Propuso que la corrección de los desequilibrios se haga con “responsabilidad compartida” porque en caso contrario “hay más posibilidades de un ajuste abrupto y desordenado que causará serios problemas”.
Rato ha venido a pedirle a la Administración Bush que “enfríe” la economía estadounidense. No en vano el director ejecutivo es europeo y encarna la preocupación de algunos socios menores del imperio. Rato ha retransmitido algo por lo que viene abogando The Economist desde hace al menos un año: que Estados Unidos tome medidas correctivas pinchando las burbujas especulativas y provoque un ajuste económico.
The Economist el 14 de enero de 2006, en una semblanza de Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal, se despegó de los panegíricos generalizados al “mago” Greenspan -a quien se le adjudica uno de los ciclos de bonanza más largos en la historia del capitalismo estadounidense- sugiriendo que el legado del “mago” es algo así como una bomba de relojería a punto de estallar. Afirma además que su sucesor, Ben Bernanke, es de la misma escuela y prepara más medicamentos con la misma receta.
Bajo el subtítulo de Miopía monetaria, The Economist explicó que lo de Greenspan ha sido una permanente huida hacia adelante. Recuerda que pocos meses después de que asumiera en 1987 hubo un crash internacional de las bolsas que se inició en Nueva York. Para luego afirmar que la política de Greenspan ha sido siempre la de sustituir un circuito especulativo por otro cada vez que el precedente se caía. La realidad, explica, es que el presente ciclo económico en Estados Unidos se sostiene merced a la especulación con una demanda basada en el crédito y no en el ahorro.
La revista culpa a Greenspan de haber sacado a la economía estadounidense de la crisis que supuso la quiebra internacional de las bolsas, cuando en el 2000 se pinchó la ficción especulativa de las acciones de las empresas de tecnología de la información (las .com), generando un nuevo mercado especulativo en la propiedad inmobiliaria.
Ahora, afirman, lo que puede estallar es esa burbuja. Es cierto, pero esta vez hay agravantes. La mentada crisis de la bolsa arruinó a las economías familiares de los países capitalistas avanzados. Greenspan, dice The Economist, devolvió a las economías familiares la ilusión de la riqueza alentando que la especulación inmobiliaria sobrevalorara sus viviendas, con lo cual el gasto doméstico se apalancó mediante el crédito.
Esta vez todo parece indicar que lo que se va a perder no es el ahorro disponible, sino las viviendas de los que no puedan pagar sus créditos. Una nueva fase de expropiación.
Pero, ¿Es esto cierto?
Las tasas de interés de los créditos hipotecarios en Estados Unidos no comenzaron a descender en el 2000, sino en 1987. La tasa interanual de los tipos de interés hipotecario a diciembre en 1987 era del 10,2% y bajó paulatinamente hasta el 5,82% en el 2003 y estaba en el 5,86% en diciembre de 2005, mientras los créditos se estiraron hasta plazos insospechados -hasta 50 años en España- en los últimos 18 años. Si se analiza sobre datos precisos todo parece indicar que el proceso de crecimiento de los precios de los activos inmobiliarios ha sido más prolongado y más profundo que el que describe The Economist, y que, por otra parte, choca con la evolución en Estados Unidos de las tasas de interés preferentes analizadas por la misma tasa interanual que fue la siguiente:1987, 8.21 / 1988, 9.32 / 1989, 10.87 / 1990, 10.01 / 1991, 8.46.
Es a partir del 2000 que el descenso se acelera: 2000, 9.23 / 2001, 6.91 / 2002, 4.67 / 2003, 4.12 / 2004, 4.34 / 2005, 6.19. Es decir a partir de la crisis bursátil desatada por la caída de las empresas de tecnologías de internet, las denominadas .com. Crisis que hizo chatarra los ahorros de las clases medias y parte de los trabajadores de los países avanzados.
Las tasas de interés preferentes son las aplicadas a los mejores clientes de los bancos del sistema de la Reserva Federal, es decir a las empresas rentables. Para ello se bajaron drásticamente las tasas de interés de los Fondos Federales llevándolas hasta niveles similares a los de los años 50. Esta fue la fórmula para que las empresas tomaran capital dinerario a tasas negativas -por debajo de la inflación- y lo convirtieran en capital productivo. Es aquí donde entraron las economías familiares a sostener la producción transformando a su turno dinero procedente de su endeudamiento en mercancías. Entretanto, las familias estadounidenses, ya expropiadas en el 2000/2001, mantienen tasas de ahorro cada vez más bajas y basan una parte de su consumo en deuda. Una combinación explosiva.
Aunque España no es comparable a Estados Unidos, ni siquiera a su vecina Francia, sirve de modelo para saber qué ha ocurrido en algunos países europeos. El precio de la propiedad ha crecido de forma incesante. Según el Banco de España (banco central) está sobrevalorada entre un 25% y un 35%. A diciembre de 2004 el saldo vivo del crédito hipotecario en España totalizaba los 465.218 millones de euros. Es posible que esté en la actualidad en el umbral de los 500.000 millones. La retribución total de los españoles según las tablas de Producto Interior Bruto fue de 401.878 millones de euros en el 2004. La necesidad de financiación anual de los españoles, es decir lo que sus ingresos salariales no cubren sobre el total de su gasto, es del orden del 2% (unos 8.000 millones de euros anuales, acumulativos). Es decir, hay una tasa negativa de ahorro. La deuda de los hogares españoles crece a tasas del 20% anual (Instituto Nacional de Estadísticas) y a diciembre de 2005 alcanzaba al 112% de la renta disponible. En 1995 alcanzaba a duras penas a un 50%. Ni que hablar del desequilibrio de la balanza de pagos. El Banco de España afirma que hay una diferencia “con otros países”, y es que el crédito hipotecario no se destina al consumo sino a la compra de viviendas. Pero esto es engañoso. Cada vez que un español va a su banco a pedir un crédito para consumo, se mira el valor de su propiedad que actúa como colateral a su préstamo. O sea, que al final da igual. Los españoles están tan agarrados del cuello como los estadounidenses.
El mal es generalizado. Cuando Rato señala como grandes desequilibrios al déficit estadounidense y al superávit asiático, no hace más que describir dos síntomas. Detrás de ellos lo que hay es esta crisis generalizada y latente. Asia vende a todo el mundo, pero en particular a los países avanzados. Sus excedentes los invierte en Bonos del Tesoro de Estados Unidos, con lo que financia el déficit de este país. En este gigantesco desequilibrio hay un equilibrio oculto. Y es que de un lado se pierde y del otro se gana. Se gana del lado del capital financiero, se pierde del lado de los trabajadores. Estos y la pequeño burguesía son los grandes perdedores, y los expropiados de ayer y de mañana. Exxon Mobil, la petrolera estadounidense, anunció que en el 2005 ganó un 42% más que en el año precedente con 32.000 millones de dólares de beneficio. Las ganancias más grandes en la historia empresarial.
En el otro extremo del arco capitalista la industria del automóvil navega por aguas turbulentas sometida a una crisis de sobreproducción. General Motors se asfixia. Chrysler, la filial estadounidense de mercedes Benz, anuncia despidos de hasta 30.000 trabajadores, y Volkswagen -la mayor industria del automovil de Europa- llora lagrimas de cocodrilo mientras incrementa su beneficio en un 70%. Este último caso es especialmente significativo. Anuncia que sobran 20.000 trabajadores de sus plantas alemanas, pero entre dientes confiesa la verdad. La tasa de beneficios de los automóviles que exporta desde sus plantas en Alemania a Estados Unidos es próxima a cero. VW se prepara para incrementar la tasa de beneficios de sus exportaciones al sobresaturado mercado estadounidense ajustando cuentas con IG Metal, el sindicato metal mecánico germano. Para ello tirará a la papelera el acuerdo de 2004 en el que se comprometió a no efectuar despidos hasta el 2011. Cuenta para ello con el Gobierno de “unidad nacional”, la coalición democratacristiana y socialista que se gestó en las pasadas elecciones ganadas por Angela Merkel.
Las industrias han acumulado beneficios sin cesar contando con impresionantes excedentes de capital que, bien lo saben, no tiene sentido que lo transformen en capital productivo porque lo que se cierne no es precisamente una expansión del consumo, éste, esta tocando el techo. Muy por el contrario, su estrategia es una concentración de medios de producción. Un incremento del capital orgánico.
El estancamiento de años de la economía alemana, con tasas de consumo e inversión muy bajas, y con un Producto Interior Bruto que no ha alcanzado al 1% de crecimiento en el 2005, no ha impedido al gigante de la generación eléctrica y el gas, E.ON, presentar una oferta de compra de la española ENDESA oponiéndose a la oferta de la española Gas natural dejando a España al borde una crisis política. Las acciones de ENDESA se han sobrevalorado en bolsa y ya rozan los 30 euros por acción. Los beneficios de ENDESA dependen de los reguladores, es decir del estado. Y este atribuye anualmente a las compañías eléctricas subsidios del orden de los 3.500 millones de euros. La sobrevaloración de ENDESA no es más que un reflejo de la sobrevaloración de los activos a escala internacional.
Lo que está ocurriendo es que hay un exceso de capital dinerario que no se puede volcar en capital productivo porque hay a escala internacional una sobreproducción encubierta. Para rentabilizar estos excesos de capital dinerario las empresas capitalistas van de compras. Es decir, adquieren más medios de producción, y como los medios de producción son limitados su precio sube de forma incesante. La española Ferrovial hace una oferta por la gestora británica de aeropuertos British Airoport Authority. La siderurgia Mittal Steel hace una oferta por Arcelor. Gas Natural y E.ON por ENDESA. Sonae por Portugal Telecom. Desde luego, todas estas adquisiciones se apalancan con deuda. The Economist, en su edición del 18 de febrero afirma: “Los que se preocupan, hacen bien en temer que todo esto pueda ser un dispendio de inconscientes. Grandes cifras de dinero persiguiendo un pequeño número de objetivos, ha hecho que los precios suban a los niveles vistos por última vez en la era del estallido de la América de los 80. Los prestatarios se están aventurando en el extremo más tóxico del espectro del crédito, tales como los bonos basura y los créditos con garantía de activos productivos. Con un deterioro de la calidad del crédito, las tasas de impagados están destinadas a crecer. Y en la medida que eso ocurre, los hedge funds, un nuevo ingrediente en la mezcla de los prestamistas, quedarán atrapados en la maraña con consecuencias imprevisibles para los mercados”.
Un ejemplo distorsionado de estos flujos de riqueza es el atesoramiento en obra de arte. Una vez más los precios de las obras de arte suben de subasta en subasta. Empresas, ejecutivos, empresarios, blanquean su capital, y derivan hacia este mercado sus excedentes. No es la primera vez que ocurre, ya pasó después del crash de 1987. Esta vez se anticipa a una nueva crisis financiera.
Porque en el fondo no hay otra salida a esta escalada de precios de los activos que un ajuste. Todo parece indicar que ese ajuste se avecina y puede dejar expuestos al aire los “colosales desequilibrios” que los mismos capitalistas denuncian. Las consecuencias de este ajuste serán entre otras una crisis monetaria internacional, un crash de las bolsas, y la expropiación de las masas. Por añadidura, a los trabajadores les tocará una ola de despidos con una fuerte desocupación en los países capitalistas avanzados. No en vano los representantes del empresariado europeo muestran su preocupación. En este contexto, y con el incremento del precio del petróleo como telón de fondo, algunos corresponsales de la prensa financiera internacional en Madrid incurren en la impudicia de afirmar que: “Ni el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, ni Pedro Solbes, el ministro de economía, han mostrado la voluntad de hacer frente a la indexación de los salarios contemplada en las rígidas leyes de negociación colectiva españolas, que mantienen alta la inflación. Así que, mientras la economía continúa creciendo y creando puestos de trabajo, hay dudas acerca de cuánto tiempo más se podrá sostener este impulso.” Para estos analistas los desequilibrios españoles se resuelven con menores incrementos salariales, cuando las estadísticas dejan a las claras que existe una desaceleración del crecimiento salarial a escala internacional y menor renta disponible por parte de los trabajadores.
Capac Yupanqui