El 15 de mayo Brasil, Turquía e Irán suscribieron un acuerdo por el cual este último exportaría 1200 toneladas de uranio de bajo enriquecimiento a Turquía para que ésta terminara el proceso devolviendo 120 kilogramos del material altamente enriquecido destinado a su uso en un reactor para investigación civil. Por el acuerdo Irán se compromete a exportar a Turquía el 58% de su uranio de bajo grado lo cual supone un impedimento objetivo para disponer de uranio altamente enriquecido necesario para una bomba atómica. El acuerdo ha puesto de relieve la existencia de un mundo multipolar de un lado, y del otro la defensa coordinada de la soberanía energética de un país que pese a su riqueza petrolera no dispone de refinerías suficientes para abastecer a sus necesidades nacionales. La intervención de Brasil y Turquía, miembros transitorios del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, de momento ha limitado la capacidad de Estados Unidos para imponer mayores sanciones a Irán.